Las Compuertas no es un viñedo más en Mendoza. Es una zona que tardó un siglo en revelarse, y que solo quienes la trabajan con las manos entienden del todo.
Las Compuertas · 1.100 msnmA 1.100 metros sobre el nivel del mar, en el extremo alto de Luján de Cuyo, Las Compuertas fue delimitada como Indicación Geográfica por la singularidad de sus vinos. El deshielo de los Andes alimenta los mismos canales que Juan De Blasis comenzó a abrir manualmente hace un siglo. Cuando el sol cae en el horizonte andino y la temperatura baja quince grados en pocas horas, algo único sucede dentro de la uva: se cierra sobre sí misma, concentra lo que tiene de especial. Esa amplitud térmica no es un dato técnico. Es la razón por la que los vinos de esta zona tienen la textura que tienen.
Bajo nuestros viñedos no hay tierra común. Las Compuertas se asienta sobre depósitos aluviales del río Mendoza: guijarros, gravas y arenas que bajaron de la montaña durante miles de años. Ese suelo drena rápido, obliga a la planta a buscar agua en profundidad y a extraer de esas capas una mineralidad que no puede fabricarse. Nuestras viñas son de pie franco, sin injertar, con las raíces hundidas en ese suelo desde hace más de cien años. Son un patrimonio vivo. Uno de los pocos conjuntos de cepas tan antiguas y originales que quedan de pie en el mundo. Cada planta lleva en sí la memoria de todo lo que pasó sobre ese suelo.
Desde 1923 hasta hoy, cuatro generaciones de la familia De Blasis recorrieron estas hileras. Lo que se transmite no es solo técnica: es un conocimiento sensorial acumulado. Saber cuándo el racimo está listo antes de que lo diga cualquier análisis. Reconocer el perfil de cada parcela con solo caminarla. Respetar la planta cuando pide descanso. Cada decisión —la época de riego, la carga de racimos, el tiempo de cosecha— busca que el vino sea fiel a este lugar. No mejor que otros. Solo único. Irrepetible.
“No elaboramos vinos de Las Compuertas. Elaboramos los vinos que Las Compuertas quiere producir.”